La gran batalla entre las fuerzas del bien y del mal está a punto de comenzar
Fecha: 21 de Junio de 2025
Al comenzar el rezo del Rosario ante el Santísimo Sacramento, vi interiormente que María se acercaba a mí y me ponía sobre la cabeza un largo velo blanco. Parecía que yo estaba sentada, y entonces me tomó de la mano, me puso de pie y comenzó a caminar conmigo. Caminábamos sobre la tierra, pero todo era negro. No vi edificios ni casas, sólo negrura. Entonces empezaron a aparecer almas unidas a mí, todas con vestiduras blancas, y María me reveló a Jesús montado en un caballo blanco ante todos nosotros. Luego, frente a nosotros, María me reveló a Satanás montado en un caballo rojo con sus almas todas frente a nosotros. Comprendí que había dos bandos. Durante estas imágenes internas, María nunca habló.
Entonces María me pidió que escribiera. Ella me explicó:
La gran batalla entre las fuerzas del bien y del mal está a punto de comenzar. Estaba colocando el velo blanco sobre tu cabeza para representar que has sido purificada como una con mi Hijo en Su sacrificio de amor (Ap 3,4-5; 6,9-11; 7,9-10,14; 14,4-5). La Tierra está oscura y devastada, representando la condición de la Tierra después de la gran destrucción. Te revelo a mi ejército vestido de blanco y a Jesús en el caballo blanco (Ap 6,2; 19,11-16) como vuestro líder (mensajes 27/9/13; 6/8/17). Ante (delante de) este ejército santo, te revelé a Satanás en el caballo rojo (Ap 6,4) con su ejército para mostrarte que la batalla está lista para comenzar muy pronto (Ap 19,17-19). El Camino ha sido la formación de Dios para Sus santos de estos tiempos finales (Ap 19,7-8). Las fuerzas del mal no pueden oponerse al poder de Dios contenido en estas almas santas, porque se han convertido en las hostias vivas de Dios. Están llenas de la Sangre de mi Hijo y poseen el poder de la vida eucarística de Jesús. Satanás sabe que no ganará esta batalla (Ap 17,14), pero intentará, mediante el miedo, debilitar a los santos de Dios. Por eso, debéis mantener vuestra mirada en Jesús vivo en la Eucaristía, y Él, y sólo Él, os fortalecerá para perseverar. Al final, mi Corazón Inmaculado triunfará como uno con el Sagrado Corazón de mi Hijo. Pequeña mía, responde con gran valor difundiendo las palabras que te traemos para guiar y proteger a los santos de Dios, preparados para esta gran y decisiva batalla. Ten paz, que Dios está contigo.

